Cuando se acerca el invierno, el coche empieza a enfrentarse a unas condiciones muy distintas de las que encuentra durante los meses cálidos. Las temperaturas bajan, aumentan las posibilidades de lluvia, aparecen heladas en muchas zonas y las horas de luz se reducen considerablemente. Todo ello afecta al comportamiento del vehículo y hace recomendable revisar algunos elementos antes de que llegue el frío intenso, especialmente si se utiliza a diario o se realizan desplazamientos por zonas de montaña.
Uno de los primeros aspectos que conviene comprobar es el estado de los neumáticos. Son el único punto de contacto entre el coche y la carretera y su importancia aumenta cuando el firme está mojado, existe riesgo de hielo o se circula sobre nieve. La profundidad del dibujo, el desgaste irregular y la presión deben comprobarse periódicamente. Una presión incorrecta puede modificar el comportamiento del automóvil y acelerar el desgaste.
En invierno también resulta especialmente importante prestar atención a los neumáticos de invierno o a los denominados ‘all season’ cuando se circula habitualmente por zonas donde las temperaturas son bajas o existe posibilidad de nieve. No son obligatorios con carácter general en España, pero pueden ofrecer ventajas concretas en determinadas condiciones. El compuesto de los neumáticos de invierno está diseñado para mantener sus propiedades cuando la temperatura desciende, mientras que los modelos convencionales pueden perder parte de su rendimiento con el frío.
La batería merece otra revisión antes de que lleguen las bajas temperaturas. El frío dificulta el arranque y reduce temporalmente la capacidad de las baterías, de modo que una que ya se encuentra cerca del final de su vida útil puede fallar precisamente cuando más se necesita. Si el vehículo comienza a arrancar con mayor dificultad de lo habitual o la batería tiene varios años, conviene comprobar su estado antes de afrontar el invierno.
Esto es especialmente relevante en los automóviles que pasan mucho tiempo aparcados en el exterior. Una batería sometida a temperaturas bajas durante la noche puede sufrir más que otra que permanece en un garaje. En los vehículos modernos, además, la cantidad de sistemas eléctricos ha aumentado y determinados equipos continúan consumiendo energía cuando el coche está detenido, aunque lo hagan en cantidades reducidas.
El líquido refrigerante también necesita atención, ya que su función no se limita a evitar que el motor alcance temperaturas demasiado elevadas. El anticongelante protege el circuito frente a temperaturas muy bajas y mantiene determinadas propiedades necesarias para que el sistema funcione correctamente. Un nivel insuficiente o una mezcla deteriorada pueden provocar problemas precisamente cuando el termómetro desciende de manera importante.
No conviene añadir agua por cuenta propia cuando el circuito necesita mantenimiento. El líquido debe corresponder a las especificaciones del fabricante y sustituirse siguiendo los intervalos recomendados. Una revisión adecuada permite comprobar tanto el nivel como el estado general del circuito y detectar posibles fugas antes de que se conviertan en una avería.
Los limpiaparabrisas adquieren una importancia mayor durante el invierno. La lluvia, el barro y la suciedad de la carretera pueden reducir rápidamente la visibilidad y unas escobillas deterioradas dejan zonas sin limpiar o generan marcas sobre el cristal. Si la goma está endurecida, presenta grietas o deja franjas de agua, ha llegado el momento de sustituirla.
También hay que comprobar el líquido limpiaparabrisas y, en este sentido, en zonas donde las temperaturas pueden ser negativas, es recomendable utilizar un producto adecuado para el invierno, ya que el agua puede congelarse y dejar inutilizado el sistema. Además, mantener lleno el depósito permite responder rápidamente cuando el parabrisas se ensucia durante un viaje.
La visibilidad no depende únicamente del parabrisas. Los faros, pilotos, intermitentes y luces antiniebla deben encontrarse en buen estado porque durante el invierno aumenta la frecuencia de los desplazamientos con lluvia, niebla o poca luz. Una bombilla fundida puede ser un inconveniente evidente, pero también es importante comprobar que las ópticas estén limpias y no presenten daños que reduzcan su capacidad de iluminación.
La reducción de las horas de luz hace que muchos desplazamientos cotidianos se realicen de noche o al amanecer. Por ello, llevar correctamente regulados los faros es importante tanto para ver como para no deslumbrar a otros conductores. En los vehículos que cuentan con sistemas de iluminación automática, conviene asegurarse de que funcionan correctamente y no confiar únicamente en la activación automática cuando las condiciones cambian.
El sistema de calefacción merece una atención especial porque no solo afecta al confort. En invierno resulta fundamental para desempañar los cristales y mantener una buena visibilidad. Si el sistema tarda demasiado en generar calor, funciona de manera irregular o produce olores extraños, conviene revisarlo antes de que las temperaturas sean realmente bajas.
El climatizador también puede utilizarse durante todo el año, aunque no sea necesario enfriar el habitáculo. El aire acondicionado ayuda a reducir la humedad del interior y puede acelerar el desempañado del parabrisas. Por eso, mantener en buen estado el sistema de climatización permite afrontar mejor los cambios de temperatura y evitar que el cristal permanezca empañado durante la conducción.
El filtro del habitáculo tiene asimismo un papel importante. Su suciedad puede reducir el flujo de aire y dificultar la capacidad del sistema para desempañar las lunas. Además, un filtro en mal estado puede empeorar la calidad del aire que circula dentro del automóvil. Su sustitución forma parte del mantenimiento habitual y adquiere especial importancia cuando el sistema de calefacción se utiliza de manera intensiva.
Los frenos tampoco deberían quedar fuera de la revisión. El invierno no afecta directamente al sistema de la misma manera que ocurre con los neumáticos, pero la combinación de lluvia, hojas, barro y firme deslizante hace que el estado de los frenos adquiera especial importancia. Es necesario comprobar el desgaste de pastillas y discos y prestar atención a cualquier vibración, ruido o cambio en el tacto del pedal.
La suspensión también influye en la seguridad cuando el firme presenta irregularidades o poca adherencia. Amortiguadores deteriorados pueden perjudicar la estabilidad del vehículo y aumentar las distancias de frenado en determinadas circunstancias. Si el coche presenta rebotes excesivos, movimientos anómalos al frenar o una pérdida de estabilidad en curvas, conviene revisarlo antes del invierno.
Otro elemento que suele pasar desapercibido es el estado de las juntas y gomas de las puertas. El frío puede endurecer estos materiales y hacer más evidentes pequeños problemas de estanqueidad. Mantenerlos limpios y en buenas condiciones ayuda a evitar filtraciones de agua y facilita que las puertas continúen cerrando correctamente.
En las zonas donde se producen heladas, también conviene tener previsto cómo actuar cuando el coche amanece cubierto de hielo. Utilizar agua caliente sobre el parabrisas no es una buena idea porque un cambio brusco de temperatura puede provocar daños en el cristal. Es preferible utilizar una rasqueta adecuada y productos específicos para facilitar la eliminación del hielo.
La nieve plantea exigencias adicionales, tal y como nos apuntan los mecánicos de Talleres Paiz, quienes nos cuentan que, si existe previsión de circular por carreteras donde pueda ser necesaria, es importante comprobar previamente qué equipamiento puede exigir la situación y aprender a utilizarlo correctamente. Las cadenas, por ejemplo, deben ser compatibles con las dimensiones de los neumáticos y con las características del vehículo, ya que algunos automóviles tienen restricciones sobre determinadas soluciones.
También resulta recomendable revisar el estado de la carrocería antes de los meses más húmedos. Una pequeña zona de pintura dañada puede quedar más expuesta a la humedad y a la suciedad durante el invierno. La sal utilizada para mantener transitables determinadas carreteras en zonas con nieve puede contribuir además a acelerar la corrosión de algunas partes metálicas, por lo que limpiar el vehículo después de circular por estas vías tiene importancia.
El interior tampoco debería olvidarse. El invierno implica introducir agua, barro y humedad constantemente. Los suelos y alfombrillas pueden acumular más suciedad y favorecer la condensación. Mantener seco el habitáculo ayuda a evitar malos olores y contribuye a que los cristales no se empañen con tanta facilidad.
La presión de los neumáticos merece una última consideración porque puede variar con la temperatura. Al descender el termómetro, la presión puede reducirse y provocar que el neumático trabaje fuera del valor recomendado. Es conveniente comprobarla cuando las ruedas están frías y ajustarla según las indicaciones del fabricante, sin utilizar como referencia únicamente el valor que aparece en el propio neumático.
Antes de realizar viajes largos durante los meses fríos también es aconsejable comprobar los niveles de aceite y otros líquidos, además del estado general del automóvil. Un viaje de cientos de kilómetros no es el mejor momento para descubrir que el vehículo presenta una pérdida, un problema de iluminación o una batería en mal estado.
El equipamiento que llevamos en el coche puede resultar igualmente importante cuando las condiciones empeoran. Una linterna, una manta, guantes, agua y algunos elementos básicos de emergencia ocupan poco espacio y pueden resultar muy útiles ante una avería o una retención prolongada. En trayectos de montaña o en zonas donde las condiciones meteorológicas pueden cambiar rápidamente, conviene extremar esta previsión.
Los vehículos eléctricos e híbridos también necesitan algunas consideraciones específicas durante el invierno. Las bajas temperaturas pueden afectar temporalmente al rendimiento de la batería y reducir la autonomía disponible, especialmente cuando se utiliza intensamente la calefacción. Esto no significa que dejen de funcionar correctamente, pero sí que resulta conveniente planificar los desplazamientos teniendo en cuenta que el consumo puede aumentar.
En todos los casos, el manual del fabricante continúa siendo la mejor referencia para conocer los intervalos de mantenimiento y las especificaciones de cada modelo. No todos los vehículos utilizan los mismos líquidos, tienen las mismas exigencias de presión o permiten los mismos tipos de neumáticos y cadenas.
¿Qué diferencia hay entre las ruedas mixtas y las de invierno?
Aunque las ruedas mixtas y los neumáticos de invierno están diseñados para afrontar mejor las condiciones propias de los meses fríos que un neumático convencional, no persiguen exactamente el mismo equilibrio. La diferencia fundamental está en el margen de utilización que ofrece cada uno: mientras los neumáticos todo tiempo intentan mantener un comportamiento razonablemente homogéneo durante las cuatro estaciones, los de invierno están concebidos para ofrecer sus mejores prestaciones dentro de un escenario mucho más concreto.
Esa diferencia se aprecia especialmente cuando el conductor utiliza el vehículo durante todo el año y las condiciones de circulación cambian de manera notable. Un neumático mixto tiene que convivir con situaciones muy distintas, desde una carretera seca y temperaturas elevadas hasta una jornada fría con lluvia. Por eso, su diseño busca un compromiso entre características que, en ocasiones, pueden entrar en conflicto entre sí.
Los neumáticos de invierno, en cambio, pueden concentrar sus prestaciones en un entorno más reducido. Al no tener que responder de la misma manera ante el calor estival, los fabricantes pueden orientar su diseño hacia las circunstancias en las que el frío tiene mayor protagonismo. Esa especialización hace que sean especialmente interesantes para conductores que pasan una parte importante del año en zonas donde el invierno presenta condiciones realmente exigentes.
Otra diferencia se encuentra en el comportamiento cuando aumenta la temperatura. Un neumático de invierno no está pensado para permanecer instalado indefinidamente en cualquier época del año. Su compuesto y su arquitectura responden a unas condiciones determinadas y, cuando se utilizan durante periodos prolongados con temperaturas elevadas, pueden ofrecer un comportamiento menos apropiado y experimentar un desgaste más rápido. Las ruedas mixtas están concebidas precisamente para evitar esta sustitución estacional y permanecer en el vehículo de forma continuada.
Esto introduce una cuestión práctica que para muchos conductores resulta decisiva. Quien utiliza neumáticos de invierno debe asumir la gestión de dos juegos diferentes y encontrar el momento adecuado para realizar el cambio de uno a otro. Además, ambos juegos necesitan un lugar donde almacenarse mientras no están montados. Con unas ruedas mixtas, esta operación desaparece y el mantenimiento se simplifica considerablemente.
La diferencia también puede apreciarse en la respuesta sobre superficies secas. Los neumáticos mixtos están desarrollados para ofrecer un comportamiento equilibrado en estas circunstancias porque, de hecho, una parte importante de su vida útil transcurre sobre asfalto sin nieve ni hielo. Los de invierno pueden cumplir perfectamente en carretera seca, pero su diseño prioriza otras condiciones y no pretende competir necesariamente con un neumático específico para temperaturas más altas.
En curvas, esta filosofía también se deja notar. Un neumático pensado para funcionar en un amplio rango de temperaturas debe encontrar un punto intermedio entre flexibilidad y estabilidad. El de invierno, al centrarse en temperaturas bajas, puede beneficiarse de una composición que conserve determinadas propiedades cuando otros neumáticos empiezan a endurecerse.
La frenada ofrece otra perspectiva interesante. Las diferencias no aparecen únicamente cuando existe nieve visible sobre la calzada, sino también cuando la temperatura modifica el comportamiento del compuesto. La capacidad de detener el vehículo depende de numerosos factores, pero el tipo de neumático forma parte de la ecuación y puede adquirir mayor importancia cuando la carretera se encuentra fría.
También cambia la manera en la que cada neumático gestiona el agua. Las ruedas mixtas tienen que afrontar durante todo el año situaciones de lluvia intensa y, por ello, sus diseños buscan mantener un comportamiento equilibrado sobre superficies mojadas. Los neumáticos de invierno también incorporan canales y soluciones para evacuar agua, pero su arquitectura está condicionada por la necesidad de trabajar simultáneamente con frío y, cuando aparece, nieve.


